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diarios de mi pasado.

La decisión estaba tomada

-¿qué vas a hacer? Me preguntó el médico.

-no lo sé, no puedo tenerlo.

-bueno piénsalo, si quieres interrumpir el embarazo te doy una cita para que vayas a la clínica, pero deberás decidirte cuanto antes. Si esperas será peor.

-Mejor dame la cita ya, entonces.

-¿estás segura? Me preguntó.

-si, claro.

 

Yo sola había decidido acabar con el problema, me convencí a mi misma de que el bebe no nacería sano. La primera vez que había ido a la consulta me habían extraído el D.I.U. según el médico lo normal era dejarlo dentro hasta que naciera el bebe si se quería llevar el parto a termino ya que el mismo saldría por si solo el día de dar a luz al bebe.

Si se sacaba el DIU se corría el riesgo de que al manipular se dañara al feto aunque en aquel entonces todavía no había mucha experiencia en casos. Para que mi conciencia quedara tranquila no podía más que decirme a mi misma que el niño no nacería bien y lo mejor era abortar y eso fue lo que le dije a Pablo.

-Bueno como tú quieras, me dijo él.

Aún así en mi mente seguía buscando motivos  para acallar las voces internas que me decían que estaba matando una vida.

-si lo tuviera ¿de que íbamos a vivir? Apenas podía mantener a Yutan.

Además ¿qué le iba a decir a Tony cuando volviera?

¿y si Tony aprovechaba para quitarme a Yutan escudándose en que yo ya iba a tener otro?

Pablo tenía que estudiar, llevábamos muy poco tiempo juntos y al principio diría que lo cuidaría pero seguro que al final yo sola tendría que sacar adelante al bebe. La vida se convertiría en insoportable con una responsabilidad tan grande de sacarle adelante.

Cada vez estaba más convencida que había tomado la decisión correcta. La semana siguiente acudí a la consulta muy segura de la decisión tomada. Apenas duró 10 minutos después me vestí y me fui a trabajar a la tienda.

Me sentí liberada como si me hubiera quitado un problema enorme de encima a pesar de que mi conciencia me seguía reprochando haber hecho algo en contra de mis propios principios. Me di cuenta de cómo los principios cambian según nuestras necesidades y lo que antaño para mi era intolerable, -(seguramente por la educación que me habían dado las monjas)-,  se convirtió en comprensión hacia aquellos que no habían encontrado otra salida que hacer lo mismo que yo había hecho. ¿Cómo algo intolerable se puede convertir en algo razonable? Aprendí que las personas somos capaces de justificar nuestros actos a cambio de obtener tranquilidad y conciliación con uno mismo.

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Una semana de incertidumbre pensando en que haría. Si era un embarazo extrauterino mala cosa. No me preocupaba tener que pasar por el quirófano. Mi mayor preocupación era que al ser ingresada todos se enterarían de mi rollo con Pablo. Porque claro no iba a estar embarazada del Espíritu Santo. La ingenua de mi, no sabía que todo el mundo ya se había dado cuenta de como nos mirábamos y de que entre nosotros había algo.

En el caso de que el embarazo fuera normal tenía otra preocupación. Decidir que hacer porque a mi eso del aborto no me hacía gracia, además de tener que gastar dinero estaba en contra.

Aún recuerdo cuando mi hermana se quedó embarazada, cuando estaba a punto de cumplir quince años. El escándalo que hubo en el colegio de monjas. Pero sobre todo aquel lío que montaron. Primero mi madre, haciéndole bajar y subir escaleras corriendo, para ver si había suerte y abortaba de manera espontánea. Mi hermana, diciendo que ella quería tener el bebe y casarse con su novio. Luego las monjas diciendo que no podían consentir que siguiera yendo al colegio si continuaba con el embarazo, sería un mal ejemplo para el resto de las niñas. Un mal ejemplo y resulta que algunas de esas niñas compañeras de mi hermana ya habían estado en Londres, por cien mil pesetas viaje ida y vuelta y aborto incluido. Por supuesto mi madre no podía permitirse un gasto así. Llamó a una señora que por lo visto podía ayudarla, le pondría unas inyecciones y listo. Las demás hermanas decíamos que era una bruja aquella mujer que venía a ponerle la inyección. Inyecciones que no surtieron el menor efecto.

En el colegio seguían presionando a mi madre diciéndole que tenía que buscar una solución, una de las profesoras externas dijo que tenía un matrimonio amigo sin hijos que estarían encantados de quedarse con el bebe cuando naciera. Mi madre no dijo nada pero una vez en casa montó en cólera.

-¡un matrimonio!, ¡amigo! ¡un matrimonio de bien!, nosotros somos de mal, ¿qué se cree esa que voy a tener un nieto para luego regalárselo a sus amigos?.

-ni en sueños, yo os he criado a vosotros cinco y sino queda otro remedio y lo tienes que tener seremos uno mas en casa. Saldrá adelante como habéis salido todas hasta ahora.

 

Así y todo yo ya daba al bebe por no nacido y cuando la profesora de lengua, una monja del colegio, nos mandó hacer una redacción en clase. A mi no se me ocurrió otra cosa que escribir algo relacionado. No sé porque extraña razón las palabras de aquella redacción que escribí cuando acababa de cumplir catorce años se quedaron grabadas en mi memoria.

 

 “carta a un niño nacido muerto”

Una tristeza me aflige en lo más profundo de mí ser

Al saber que tu te has muerto, lucero de mi corazón

Y no sé que soy capaz de hacer, pues mis fuerzas no controlo

El día en que te vi nacer, muerte hubiera deseado

Pero esa suerte te toco a ti y ahora lloro por tu muerte

 

La profesora elegía al azar para que leyéramos en voz alta lo escrito y me pidió  a  mi que leyera mi trabajo. Terminé el último párrafo con voz temblorosa y ojos llorosos. Se hizo un silencio en toda la clase porque a esas alturas todos sabían lo de mi hermana. Después la profesora se aclaro la garganta para continuar diciendo.

-Bueno ¿véis? Eso es algo escrito con verdadero sentimiento a la vez que me miraba perpleja.

 

En vista de que el embarazo seguía adelante en el colegio recomendaron a mi madre que se llevará a mi hermana fuera del colegio antes de que empezara a notársele la barriga y tuvieran que expulsarla.

Gracias a eso hoy tengo una sobrina de veinticinco añitos. Que en el momento de mi quebradero de cabeza, ya tenía nueve y era adorable. Así que cuando imaginaba que hacer en el caso de que fuera un embarazo real, no podía evitar tener un montón de pensamientos enfrentados. Mejor esperar hasta estar segura de que tipo de embarazo era y luego decidir. No podía estar toda la semana preocupándome dándole vueltas al mismo tema. La semana pasó y una vez en la consulta, el doctor me dijo que si hasta entonces no había sentido nada extraño, había muchas posibilidades de que fuera un embarazo normal.

embarazada o embarazoso

Pasaron otros tres días y la regla seguía sin venir.

-me siento extraña, como cuando estaba embarazada de Yutan, le dije a él.

-¿crees que estás embarazada? Me preguntó

-si no fuera porque llevo un DIU diría que sí. ¿te imaginas que lo estuviera? Mejor voy a ginecólogo.

-No me importaría tener una niñita contigo dijo mientras me besaba.

Una vez en la consulta, le expliqué al ginecólogo la situación, me dijo que era difícil que estuviera embarazada, que un retraso de una semana tampoco era para tanto. Aún así me haría una prueba de embarazo para estar más tranquilos.

Oriné en el cacharro aquel y esperamos unos minutos, al poco apareció la enfermera le paso el resultado al médico.

Este me miró y me dijo con cara de circunstancia. -pues sí, estas embarazada, vamos a hacer una ecografía a ver lo que vemos.

No se veía nada, podía ser por dos motivos, que fuera demasiado pronto o que fuera en embarazo extrauterino.

-Ahora no se ve nada, tendrás que volver dentro de una semana a repetir la ecografía. Cabe la posibilidad de que sea extrauterino, con un DIU eso es mas frecuente. Te daré una carta en un sobre, que llevarás contigo siempre. Si antes de que vengas durante esta semana sientes un dolor muy fuerte en la barriga deberás ir a urgencias inmediatamente y darles el sobre que te doy. En el pone tu situación para que sepan lo que tienes y puedan actuar rápido.

-Pero ¿qué me puede pasar?.

-Sabiéndolo nada. Los embarazos extrauterinos son muy peligrosos cuando no se sabe que los hay, porque es un embarazo fuera del útero. Este va creciendo y como no tiene sitio, los órganos de alrededor se ven afectados y empezarías a tener hemorragias. Por eso si tienes un dolor abdominal debes ir a urgencias inmediatamente. Así me lo explicó y yo me fui con mi sobre en el bolso y preocupada por si tenía un dolor en la barriga. Debía esperar una larga semana.

 

En una nube

Pablo y yo nos buscábamos constantemente. No podíamos estar el uno sin el otro. No nos planteábamos una relación, ni ningún futuro juntos, simplemente disfrutábamos de lo que teníamos, de poder estar juntos. No nos preguntábamos sobre el futuro, el presente era lo que teníamos y aprovechábamos cada momento que podíamos para besarnos, para abrazarnos.

Tratábamos  llevarlo de la forma mas discreta posible, no queríamos que nadie lo supiera y eso tanbién le daba emoción. Intentar disimular nuestros sentimientos ante los demás. Si, intentar. Porque a pesar de creer que nadie se daba cuenta mi madre me soltó un día derepente.

-¿crees que no se nota nada?  Solo hay que ver la manera que os miráis. Los dos tortolitos todo el día juntos en la tienda con esa sonrisa tonta.

Me quedé sin saber que decirle, ¿Cómo podía haberse dado cuenta con lo bien que disimulábamos? Aunque parece ser que no lo escondíamos tan bien como creíamos.

Recuerdo una vez que después de abrir la tienda y como era temprano y no había clientes, nos metimos en el baño. Allí nuestras bocas se buscaron desesperadamente, nuestras manos recorrieron nuestros cuerpos que terminaron fundiéndose en uno. Y en medio de esa excitación llegó mi madre.

-¿dónde estás? Entró diciendo.

-¡Mierda!, susurré.

En el baño. ¡salgo ahora!, le contesté mientras nos apartábamos y recomponíamos nuestras ropas.

-shhh le indiqué que estuviera silencioso y no saliera.

-¿y si quiere usar el baño?, dijo él.

-espero que no, le respondí yo mientras le daba el último beso para salir a enfrentarme a mi madre.

Mi madre me dijo que pasaba por allí de casualidad y que había entrado a saludarme, por suerte no tenía ganas de usar el baño y después de charlar un rato se fue.

En otra ocasión nos entró tal pereza de ir a abrir la tienda que nos quedamos en casa toda la mañana haciendo el amor. Se estaba tan a gusto que el resto del mundo desaparecía y nos daba igual. Sonó el timbre de abajo, ¿quién será? ¿y si no contestamos? Pero fuera quien fuera insistía una y otra vez. Terminé levantándome de su lado para ver quien era. Desde abajo mi madre me preguntaba.

- ¿cómo no has abierto la tienda?

-Estoy mala mama, me duele mucho la barriga. Le dije lo primero que se me ocurrió.

-¿no me dejas subir? Preguntó.

-quiero volverme a acostar, no tengo ganas de hablar ni de nada, de verdad me siento mal y no tengo ganas de ver a nadie.

-¿Pero que te pasa?

-Nada a debido ser que me he comido una tortilla con muchos huevos y me ha sentado mal, se me pasará.

-No sé si mi madre se lo creyó pero terminó machándose.

Un día sentí mis pechos mas hinchados de lo normal. Me encontraba rara. Tenía un retraso de cuatro días en la regla y yo solía ser muy puntual. Sino fuera porque tenía puesto un DIU, pensaría que estaba embarazada.

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nuestra primera vez

Era una noche como otra cualquiera, Yutan ya estaba durmiendo y David también se había acostado. Pablo y yo nos quedamos en el salón viendo la tele. Había programada una película de terror de las que tanto nos gustaban. No sé si a él le gustaban de verdad o hacía lo mismo que yo.

Sentada a su lado me quedaba inmóvil, todos mis sentidos se concentraban en cualquier leve movimiento por parte de él. Tan solo un simple roce era magnificado por el deseo. Cuando su mano rozó levemente la mía al incorporarse sentí un escalofrío -¿tienes frío? Me preguntó.

-No, bueno un poco, corregí.

Sus manos agarraron las mías, yo las tenía heladas, le miré de soslayo mientras contenía mi respiración para que no me las soltara.

-las tuyas están calientes, le dije.

Aprisionó mis manos entre las suyas diciendo. -Espera te las calentaré con las mías.

-gracias, le dije. Y seguimos viendo la tele. Así, sentados, con mis manos entre las de él, deseándole, con miedo a hacer algún movimiento que me sacara de aquel estado de atontamiento.

Trascurridos unos minutos que para mi eran segundos él me dijo -¿ves? Ahora ya las tienes más calientes, y yo pensaba que me gustaría estar helada para que intentara darme calor abrazándome.

Y ya no pude resistir más, mis labios se abalanzaron sobre los suyos, primero despacio, intentando calcular su reacción. Entonces me di cuenta que él temblaba pero no de frío, sus deseos eran como los míos. Nuestros cuerpos desnudos se rozaron por primera vez, Su piel contra mi piel hizo que me sintiera inundada por infinitas sensaciones incapaz de describir. Terminamos en el suelo del salón fundiendo nuestros cuerpos y ahogando nuestros sonidos, nuestros jadeos, por miedo a despertar a David y a Yutan.

Fue su primera vez y también mi primera vez. La primera vez que hacía el amor. Las otras solo había sido follada sin más.

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Habían pasado cuatro meses desde que habíamos abierto la tienda, una tienda que en principio se abrió con la idea de que yo tuviera algo de que vivir en España con Yutan. Aunque todo estuviera a mi nombre yo no sentía que fuera mío. Yo la había creado, me había esforzado mucho, buscando el local, contratando a la empresa para su instalación, rótulo etc. Y Tony en un momento se había llegado diciendo que todo era de él porque el dinero era de su padre y por lo tanto suyo. ¿y entonces que pintaba yo en todo aquello? Al final solo se trataba de un trabajo sin sueldo. Cuando Tony se fue, yo me sentí liberada y la tienda me empezó a gustar más. Sin él yo era la jefa. Lo primero que hice fue subir todos los precios. Los clientes me preguntaron a que se debía esa subida repentina, y yo les dije que como la tienda era nueva los primeros meses habíamos hecho una promoción para darnos a conocer. Les pareció normal,  porque consideraban que los precios eran muy baratos, algunos se lamentaron de no haberlo sabido para haber comprado más antes. Las ventas fueron mejor, así y todo no podía gastar mucho dinero porque había que juntar dinero para devolvérselo a la hermana de Tony y para comprar mas mercancía. Tony no podía estar fuera de España más de seis meses. Por ley era el tiempo máximo establecido para que un extranjero estuviera fuera del territorio nacional y su permiso siguiera vigente. No había ningún problema al respecto porque el había dicho que en tres meses volvería. Mientras tanto mi relación con Pablo se hacía mas estrecha. Me ayudaba con la compra, a recoger a Yutan del colegio.

 

Él y David habían llegado con el curso empezado por lo que no les permitieron matricularse en la universidad. No podrían hacerlo hasta septiembre, mientras tanto estudiaban en una academia de idiomas, español para extranjeros pagando un dineral por ello, Pablo terminó dejando de ir a la academia y pasando mas tiempo a mi lado. Acompañándome en la tienda y atendiendo a los clientes, con los que aprovechaba para practicar su español. Se esforzaba mucho en pronunciar bien la “r” y en poco tiempo hablaba castellano correctamente y sin acento extranjero. Además de parecerme guapo, era inteligente y amable, vamos que lo tenía todo. ¿me estaría enamorando? ¿estaba loca? Solo era un crió de dieciocho años, ni siquiera tenía bigote, en su vida se había afeitado y nunca había tenido novia. ¿Cómo se me podía pasar por la imaginación desearle?

 

Pero no solo se me pasaba por la imaginación, buscaba cualquier excusa para poder estar más tiempo a su lado y por las noches, las películas de terror que me importaban un pimiento, pero que a él le encantaban, pasaron a ser mis pelis preferidas, solo por estar sentada a su lado en el sofá. Poder acurrucarme contra él fingiendo estar aterrada para olerle era todo un placer. Y los turnos en que a él le tocaba fregar yo me ofrecía a fregar  por él. Cuando yo cogía el estropajo de sus manos, él se negaba. Acabábamos enzarzados en un. “No vete, ya lo hago yo” que convertía ese ansiado roce de su piel en realidad. Y que termináramos por fundir nuestros turnos solitarios en uno solo en compañía.

 

En cuanto mi relación con los chinos, cada vez era mayor. Muchos venían a la tienda por curiosidad, para ver a esa occidental que hablaba chino igual que un chino más. La primera vez que sorprendí a uno fue recién llegada a España. Yo estaba en la terraza de una cafetería con Yutan tomando un café. Yutan, de apenas cuatro años, no podía estarse quieto y había estado tocando todo lo que veía a su paso. Sus manitas estaban negras como el carbón. Entre nosotros hablábamos chino que era el idioma que mejor entendía él. Le dije

-Pero ¡¡mira como te has puesto!!, estás sucísimo, vete ahora mismo al baño y lávate las manos.

En ese mismo momento pasaba un chico chino por ahí que se quedó mirando asombrado.

-Le has hablado en chino, me dijo. ¿Cómo es que hablas chino tan bien?

-He llegado hace poco de Taiwán donde vivía.

Seguimos nuestra conversación en chino y después se empeñó en que debía ir a conocer a sus padres que eran dueños de un restaurante chino cercano. Uno de los pocos que había entonces en la cuidad. Accedí a ir con él hasta su restaurante y me presentó a su familia. A su hermana de la que me hice amiga. Ella me prestó algunas películas chinas para que las pudiera ver en casa. Ahora pensando en eso, me queda tan lejos. Aquella niñas de diecinueve años se convertiría en la dueña del restaurante.

Nunca llegaría a imaginar que en el futuro seria alguien contraria a mi. Si  en aquel momento me hubieran dicho que nos amenazaríamos por teléfono años mas tarde, no me lo llegaría a creer.

Pero mis ganas de cambiar el mundo y mis ideales me llevarían a defender los derechos de los trabajadores dentro de la comunidad china. Y ella se convertiría en una empresaria, que junto a su marido, al que conocería años mas tarde en China, los explotaría sin escrúpulos.

1. Comenzar en España

Llegar de Taiwán, hacer todos los trámites para abrir un negocio era algo que odiaba, pero no me quedaba otro remedio. El dinero que había traído estaba en cheques de viaje y firmados con mi nombre en chino. En Taiwán solo se admitían firmas legibles y la cuenta que tenía allí estaba abierta con mi nombre chino Lin Peifen. Así fue, como a partir de entonces empecé a firmar en chino aunque viviera en España. En España no importaba cuantos garabatos hicieras para firmar, así que de esta manera mi firma valdría para los dos países tony llegó en diciembre, la tienda ya estaba lista para vender en Navidad, justo a tiempo. El momento en el que más ventas había y nuestros artículos eran nuevos y poco vistos, la apertura fue un éxito. Yo aún estaba con mi madre pero Tony no podía vivir allí. La relación de él con mi familia no era de lo mejor así que nos dispusimos a buscar un piso de alquiler.

Justo enfrente de la tienda había un restaurante chino, a Tony le gustaba ir y quedar para echar partidas de majiang con el dueño. Y allí conoció a dos estudiantes chinos, chinos del continente, no de Taiwán. De Taiwán no había nadie en nuestra ciudad, excepto Tony, el resto de lo chinos provenían todos del continente o de la china comunista como decían algunos.

-hoy vamos a comer en el restaurante chino de enfrente me dijo Tony

-¿por qué?

-He conocido a dos chicos estudiantes que buscan un piso, acaban de llegar y les he dicho que podíamos compartir piso con ellos, te los presentaré

Dos chicos chinos, compartir piso con dos chicos y Tony

No me pareció muy adecuado, sobre todo por Yutan. De hecho la noticia me calló como un jarro de agua fría. Pero no dije nada, casi nunca decía nada hasta no estar segura y no solía estar segura hasta que las cosas ya habían pasado.

En el restaurante chino nos esperaban David, de 23 años, delgado y alto, con la cara llena de acné y pablo de 18 años, algo mas bajo que David, aunque no era bajo pero al lado de David si lo parecía

Pablo me gustó nada mas verle, en su mirada adiviné que yo tampoco le desagradaba. Tony decidió que nos dividiéramos. Uno de ellos con uno de nosotros. Iríamos a visitar pisos hasta que encontramos uno que nos gustara. Yo elegí ir con Pablo. Tony y David irían juntos.

Pablo era poco hablador y complaciente, fuimos juntos a ver uno de los pisos, a ninguno de los dos nos gustó. A mi me gustaba ir con él me atraía, era un chico muy agradable.

Al cabo de una semana encontramos un piso amueblado, mas adecuado a nuestros necesidades. Un piso de dos habitaciones que Tony, que llevaba la voz cantante en todo , se encargó de repartir.

La habitación del fondo, la mas grande sería para los dos chicos estudiantes. La pequeña la compartiríamos Yutan y yo. Él se quedaría el salón. También la cantidad a pagar se repartió,  como éramos cinco y en total el alquiler 50 mil pesetas, entonces los alquileres eran altísimos, pues cada uno aportaría 10 mil pesetas. Hasta incluyó a nuestro  hijo en el reparto. Y esto siginificaba que yo pagaría 20 mil pesetas. Curioso siendo también su hijo que me asignara a mi el pago de su parte.

Vivíamos del negocio y los gastos al final tenían que salir todos de él.

Mi vida seguía ligada a los chinos. Había dejado Taiwán, había vuelto, pero me había metido a vivir en mi propio país en un piso con chinos.

Tony también repartió las tareas del hogar, turnos  para fregar y limpiar en los que nunca le tocaba a él que para eso era el mayor y al que por lo visto había que respetar.

Mi relación con Tony iba a peor, su forma autoritaria de querer educar a Yutan chocaba conmigo. Yo le había tramitado el permiso de residencia familiar, al estar casado conmigo se lo darían por cinco años y al año podría pedir la nacionalidad española. Acepté esperar a que la consiguiera para después pedir el divorcio y él no se cortaba en hablarlo con los dos estudiantes chinos.

Me resultaba incómodo compartir el piso con ellos, por la noche yo me iba a dormir temprano con Yutan.

Y desde la habitación, acostada en la cama les oía hablar, casi siempre Tony dando sus discursos, sus lecciones de vida. Cuando le escuchaba pensaba en como podía soportar a un hombre así. Deseaba que el tiempo pasara rápido, que le dieran los papeles y que se marchara. Tony también les decía a ellos que no me quería, que tenía una novia en Taipei, y que en cuanto tuviera la nacionalidad nos divorciaríamos. Aunque tampoco era necesario que diera muchas explicaciones porque la falta de amor se veía claramente.

En cuanto al negocio, también teníamos discrepancias, yo subía los precios y el los bajaba. Para él lo importante era vender mucho, sin importarle que el margen de beneficio fuera pequeño, yo me quejaba que entonces no nos daría para los gastos, pero él se empeñaba en que si vendíamos mucho si nos alcanzaría. No podía discutir con él, siempre tenía razón así que me daba todo igual.

-tu no sabe, me decía. Le encantaba hablarme en español, y se quejaba de que los clientes no le entendieran por no saber conjugar los verbos.

Decía que los españoles que no le entendían eran tontos y se preguntaba porque si yo le entendía ellos no. No se daba cuenta que yo ya me  había acostumbrado a su forma de hablar y que al saber chino podía comprender donde fallaba. También decía que el eliminaría todas las conjugaciones verbales del idioma español, las cuales no eran mas que un estorbo y solo servían para complicar la comunicación.

Por fin en el mes de marzo le concedieron el permiso de residencia. El tenía una novia en Taipei, ella estaba celosa de que Tony estuviera en España y su mayor temor era que Tony volviera conmigo y la dejara. Tony me enseñó una foto de ella.

-¿a qué es guapa? Me dijo.

Yo miré la foto, luego le miré a él, y me pregunté, ¿si le digo que es fea servirá de algo? -No, me contesté a mi misma así, que le dije, -es preciosa, tienes muy buen gusto.

-Podrías escribirle una carta, diciéndoselo, podrías decirle que crees que es muy bonita y de paso también que esté tranquila que tú y yo ya no estamos juntos.

-¿eso quieres que haga? ¿Tú crees que a ella le gustará que yo le escriba una carta así?

-Si, pero no le digas que yo te pedí que la escribieras. Escríbesela diciendo que fue idea tuya, que te enseñé su foto y que quisiste escribirle.

-Bueno, como quieras. Escríbela tú y yo la copio con mi letra, o ayúdame a escribirla.

Le escribí la carta, me daba igual todo, era su vida y nosotros llevábamos años sin tener relaciones conyugales. Lo que no me daba igual eran las facturas de teléfono que teníamos debido a sus conversaciones con ella. 60 mil pesetas al mes.

Cuando por fin le concedieron el permiso de residencia, se fue en cuanto hubo billete. Antes de irse me dijo que yo debería buscarme un novio y aprovechar ahora que todavía era joven.

-Si lo haré, le dije.

A ellos les dijo que por favor cuidaran de Yutan y de mi. Todo un detalle por su parte.

Sin él, todo cambió. Podíamos hacer lo que nos daba la gana y no teníamos que aguantar su palabrería inútil.

 

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